Skip to main content

Cuando “no soy bueno en esto" empieza a costarte negocio

Estás por empezar algo nuevo y, antes de avanzar, aparece una voz conocida. Te recuerda experiencias pasadas, errores, límites que ya viste en ti. No grita ni dramatiza; simplemente enumera razones para ir con cuidado, para no exponerte de más, para no intentar algo si no estás seguro de poder hacerlo bien. La escuchas mientras sigues trabajando, casi sin notarla, como si fuera parte natural del proceso.

Ese eco en tu mente que constantemente te arroja dudas sobre si lograrás alcanzar tu objetivo empresarial. Aquel que te cuestiona si eres capaz. El que dice: "no eres el tipo de persona capaz de lograr lo que te propones". La voz que te hace sentir mal. La voz que odias escuchar, pero a la que inevitablemente pones atención porque tienes miedo de que sea correcta.

Esa es la voz de la mentalidad fija. Es la voz de la impotencia. 

Todos la padecemos. Todos debemos lidiar con ella en algún momento. Y estamos de acuerdo: esa voz es una horrible pesadilla.

¿Qué ofrece esta herramienta?
Una guía práctica
¿Para qué sirve?
Para reconocer una forma de enfrentar errores y desafíos sin vivirlos como un juicio sobre tu capacidad o tu valor personal.
¿Cuándo puede ser útil?
Cuando equivocarte o no saber algo te genera más tensión de la que te gustaría y termina frenando tu aprendizaje.
¿Cómo usarlo?
Como apoyo concreto para pensar, probar y ajustar, usando solo las partes que te sirvan según tu situación.

Claro, es bueno tener un sistema de advertencia interno que te prevenga de tomar el camino equivocado. Sin embargo, de ninguna manera es útil tener una mensaje dañino reproduciéndose en un bucle interminable en tu mente, haciendo que tu motivación sea minada y en últimas resultes dudando de ti mismo.

La buena noticia es que estamos aquí para decirte que hay una manera de sofocar esa voz

La otra voz

Como tal vez ya has notado, es posible que esa voz dudosa e intimidante en nuestras mentes nunca se calle por completo. Entonces, ¿cómo lidiamos con esto? La respuesta es: haciendo más fuerte otra voz, una que en sí misma sea más positiva.

Esta otra voz cree que podemos triunfar haciendo un esfuerzo. Que podemos aprender lo que queramos. Que podemos mejorar nuestras habilidades trabajando en ellas. Que si algo es realmente importante para nosotros, tendremos la determinación de hacerlo realidad.

Esta es la voz de la mentalidad de crecimiento.

No te confundas, no estamos hablando de una ciega optimista. Esa voz no supone ni cree que seamos superhéroes capaces de todo. Desde otra perspectiva, esa voz está segura de que si estamos dispuestos a esforzarnos y hacer lo necesario, podemos hacer que sucedan cosas buenas para nosotros mismos.

Mentalidad de crecimiento versus mentalidad fija

Esta idea de mentalidad de crecimiento versus mentalidad fija fue iniciada por la Dra. Carol Dweck, quien publicó en 2006 su innovador libro Mindset: la actitud del éxito. En él, escribe:

Esta mentalidad de crecimiento se basa en la creencia de que tus cualidades básicas son cosas que puedes cultivar a través de tus esfuerzos, tus estrategias y la ayuda de los demás. Aunque las personas pueden diferir en todos los sentidos (en sus talentos y aptitudes iniciales, intereses o temperamentos), todos pueden cambiar y crecer a través de la dedicación y la experiencia.

La mentalidad fija es todo lo contrario. En lugar de llevarnos al tipo de acción que crea un cambio positivo en nuestras vidas, nos mantiene atrapados en una monótona rutina:

Creer que tus cualidades están grabadas en piedra —mentalidad fija— crea una urgencia por demostrar tu valía constantemente, una y otra vez. Si sólo tienes cierta cantidad de inteligencia, cierta personalidad y cierto carácter moral, entonces será mejor que demuestres que tienes una buena dosis de ellos.

En pocas palabras, la mentalidad fija es la creencia de que aquello con lo que naciste es con lo que te quedas atrapado de manera vitalicia. La mentalidad de crecimiento es la creencia de que puedes desarrollar tus talentos a lo largo de tu vida.

Mucha gente crece con una mentalidad fija. De niños les dicen en qué son buenos y en qué no, que son “la bonita” o “el atlético”. A veces, un comentario descartable de un padre que sólo presta atención a medias se convierte en parte de la visión que el niño tiene de sí mismo y que permanece con él hasta la edad adulta. Muchas veces, esa voz dudosa en el fondo de nuestras cabezas en realidad está repitiendo cosas que nos dijeron cuando éramos niños.

Pero una vez que eres adulto, la elección es tuya. Tus sueños, tus metas, tus proyectos y tus habilidades son de tu entera propiedad y puedes crearlos como quieras. 

Seamos realistas: hacer crecer tus talentos es un trabajo duro. Mucha gente no ve el sentido o no quiere hacer lo que sea necesario.

Si tú eres uno de los que cree que es capaz de hacer más y está dispuesto a esforzarse, fomentar una mentalidad de crecimiento sólida te brindará una base increíble sobre la cual construir.

Cinco señales de que estás desarrollando una mentalidad de crecimiento

Por eso hemos establecido que una mentalidad de crecimiento es, en sí misma, una de las cosas en las que puedes trabajar y mejorar. Pero, ¿cómo puedes saber que estás en el camino correcto?

Sin importar el punto de tu vida en el que te encuentres ahora mismo, aquí te presentamos cinco aspectos fundamentales de la mentalidad de crecimiento que debes buscar a medida que avanzas:

Estás concentrado en aprender.

Sabrás que estás desarrollando tu mentalidad de crecimiento cuando dediques más energía mental a aprender cosas nuevas que a comprobar cuánto ya sabes. En lugar de pensar: "Necesito demostrar lo inteligente que soy", estarás pensando: "Quiero aprender y mejorar". Notarás que no estás tan preocupado por obtener la validación de otras personas, porque sabes que seguirás mejorando cada vez más.

Por ejemplo:
Juan dirige una pequeña agencia de diseño. Cuando un cliente potencial le pide un servicio que él no ofrece actualmente, en lugar de fingir experiencia o rechazar el trabajo, lo toma como una oportunidad para aprender. Pasa la semana investigando, toma un curso corto y consulta con un mentor antes de presentar una solución sólida. 

En este contexto Juan ve esto como una oportunidad para aumentar sus conocimientos y habilidades. A él no le preocupa parecer que lo sabe todo. Acepta el proceso de aprendizaje y se enfoca en ampliar sus capacidades.

Por donde empezar

Cambiar tu forma de pensar es un proceso, no un interruptor que puedas accionar. Más que eso, tu mentalidad actual probablemente sea una combinación de aquello que es fijo y aquello que está en crecimiento. Tal vez te encanta desafiarte a ti mismo de alguna manera (tal vez obteniendo certificaciones o estableciendo contactos con gente nueva), pero inconscientemente asumes que no puedes mejorar en otras formas (como ser malo en matemáticas o hablar en público).

Antes de intentar “pensar distinto”, puede servir simplemente notar dónde aparece esa mentalidad más rígida en tu día a día.

Algunas preguntas para ubicarte:

¿En qué situaciones tiendo a pensar “así soy yo” y doy el tema por cerrado?
¿Qué tipo de errores me pegan más o me hacen cerrarme rápido?
¿En qué temas me comparo con otros y saco conclusiones duras sobre mí?
¿Qué partes de mi negocio suelo evitar porque siento que “no se me dan”?

No tienes que responder todo. A veces basta con reconocer un patrón que se repite.

Cuando notes que estás atrapado en un momento de mentalidad fija (por ejemplo, después de un error, una crítica o algo que no salió como esperabas), esta secuencia puede ayudarte a no quedarte ahí:

Una forma de responder en ese momento:

1

Ponle nombre a lo que está pasando.

Date cuenta cuando aparece una idea como “no soy bueno en esto” o “esto prueba que no puedo”.

2

No lo conviertas en una etiqueta.

Recuerda que una dificultad puntual no dice todo sobre ti ni sobre lo que eres capaz de hacer.

3

Tómate un momento.

No tienes que resolver nada de inmediato. A veces bajar un cambio ya cambia mucho la experiencia.

4

Cambia la pregunta.

En vez de “¿qué dice esto de mí?”, prueba con “¿qué puedo aprender de aquí?” o “¿qué sí puedo ajustar ahora?”.

5

Vuelve a algo pequeño.

Busca un siguiente intento posible, aunque sea mínimo. El crecimiento casi nunca llega de golpe.

Esto no se aprende de una vez. Habrá días en los que lo notes tarde, o en los que no logres hacer nada distinto. Está bien. Cada vez que detectas una mentalidad fija y no te quedas atrapado ahí, estás entrenando otra forma de relacionarte contigo y con tu proceso.

Comienza con pequeñas victorias. Intenta asumir pequeños desafíos al principio. Cuando veas resultados, te demostrarás que tus esfuerzos dan sus frutos. Esto ayudará a reforzar la idea de que es posible mejorar. Te sorprenderá lo rápido que estos pequeños éxitos te convencerán de que poder crecer.

Pasito, pasito…

Este tipo de habilidades no se aclaran de una sola vez. Suelen aparecer en momentos distintos, con personas distintas y bajo presiones distintas.

A veces se reconocen con más facilidad. Otras veces pasan desapercibidas. Eso también es parte de cómo se desarrollan.

No hace falta resolver nada ahora. Esto puede quedarse aquí y volver a aparecer cuando haga falta.

Innovación

Modernas soluciones creativas.

Integridad

Cumplimos lo que prometemos.

Excelencia

Servicios de 1ra categoría.