Inteligencia emocional: cómo las emociones moldean tus decisiones de negocio
Desde fuera parece otro coche cualquiera en el camino pero, en su interior se está produciendo una compleja danza interpersonal. Francisco y Gabriela llevan mucho tiempo casados. Han pasado por muchas cosas juntos, se conocen tanto como es posible conocerse y sin embargo, tienen sus diferencias.
—“Cariño, deberíamos pasar por la casa de mi mamá antes de hacer nuestras diligencias”, sugiere Gabriela.
Francisco asiente, pero guarda silencio por un momento. Sabe que ya tienen demasiado que hacer y el tráfico del fin de semana complica todo.
—“Ha tenido una semana muy difícil y quiero asegurarme de que tenga todo lo que necesita”, continúa Gabriela.
El nivel de estrés de Francisco aumenta por un minuto. Ama a su esposa y solo quiere hacerla feliz. Entonces comienza a hacer un inventario de su lista de tareas pendientes tratando de determinar qué puede dejar para después. “Todo se hará eventualmente”, piensa. “Visitar a Chabela realmente es lo más importante”.
—"¡De acuerdo, vamos!" dice y cambia de carril para dirigirse a casa de su suegra.
Historias como esta, se repiten miles de millones de veces cada día en todo el mundo solo porque esta feliz pareja, representa dos partes de nuestro cerebro, las cuales siempre tienen que colaborar incluso cuando no están de acuerdo.
La pregunta aquí es: ¿quién conduce realmente el coche?
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Por ejemplo:
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